Los enfoques y actitudes equilibradas ante los problemas humanos no generan muchos seguidores, las miradas más racionales y los planteamientos científicamente mejor informados suscitan tedio generalizado, la humildad y la duda razonables no emocionan, las posturas más enfocadas a considerar la complejidad sistémica y la profundidad de nuestras amenazas vitales no tienen la facultad de despertar pasiones. Los estadios de fútbol no se llenarán ni las tiendas de campaña los rodearán días antes para escuchar a los científicos mejor formados.
Los maestros del entretenimiento, los verdaderos líderes e “influencers” han de ser dramaturgos capaces de despertar las pasiones, expresar vehemencia, mostrar convicción y tener posiciones claramente identificables, moverse hacia los extremos, liderar con carisma, expresar con gracia, acariciar las emociones, ofrecer mensajes simples de entender.
En conjunto, seguimos naciendo como simples y primarios primates, pero entre tecnología cada vez más potente y sociedades cada vez más complejas. Y por eso somos nuestro propio meteorito.

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