El descomunal progreso tecnológico desarrollado históricamente por la especie humana ha creado una amplificación hiperbólica en la expresión y el impacto de todos nuestros instintos animales primitivos: el instinto agresivo y de conquista que antes se resolvía a palos y puñetazos, ahora se resuelve con misiles hiperdestructivos y con hundimientos económicos; el instinto de alcanzar estatus, poder y diferenciación que antes se conquistaba imponiendo la fuerza física o la inteligencia, ahora se conquista con la riqueza material y el dinero insaciables por encima de los demás; el instinto de aprovechamiento de los recursos naturales como el alimento, la piedra o la madera, ahora alcanza cotas de extractivismo generalizado y saqueo de todo tipo de recursos naturales hasta la auténtica autofagia de nuestros ecosistemas.
Para revertir un camino acreditado de autodestrucción, considero imperativo que como especie nos volquemos en volver a lo pequeño, a lo sencillo y a lo suficiente. Pero tal cosa solo podría hacerse desde una muy generalizada transformación interior profunda, desde la reorientación de nuestro progreso y proceso evolutivo hacia la reeducación de nuestra estructura emocional, y de nuestros impulsos e instintos mismos. Todo lo demás me parece como buscar bajo la farola esa llave que se ha perdido en la oscuridad: entretenimiento, superficialidad y falsas soluciones.
Es muy acertada,en mi opinión, tu reflexión. La prisa y la aceleración nos ocultan las cosas pequeñas y sencillas que todos podríamos hacer si nos parasemos a reflexionar.