Desde hace muchos años, en mi primera clase del curso en la Universidad les hablo a los alumnos de mi experiencia infantil con los montones de estiércol que entonces se encontraban por toda la huerta, y la manera en que cambió mi percepción y sensación hacia esa visión en el momento que empecé a entender el ciclo de la vida. Comprendí la forma en que las plantas y las flores anidaban en esa basura, como la basura anidaba en las flores y en cada uno de nuestros alimentos. Desde entonces, el estiércol dejó de parecerme algo repugnante. Tal como diría el maestro zen Thich Nhat Hanh, la basura, la comida y las flores inter-son.
Ante toda la inmundicia y el sufrimiento que atesoramos las personas, esa percepción profundamente sistémica siempre me ha parecido algo nuclear en la actitud y manera de mirar que ha de cultivar un psicólogo, por encima de todas las teorías y técnicas que podamos estudiar y de las que podamos hacer acopio. Pero me parece, más allá de eso, una mirada profundamente necesaria para cada uno de nosotros en la percepción de la realidad.
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