Desde la lucidez y la aceptación de las realidades incómodas a las que nos puede conducir el túnel de la TRISTEZA, probablemente la fuerza más poderosa con que contamos para motivarnos y movilizarnos hacia el cambio efectivo es el MIEDO, no desde luego la rabia.

No hay nada más poderoso para encarar un miedo inoportuno que confrontarle un miedo oportuno más grande. Los miedos irracionales, generalmente basados en nuestro instinto y natural sentido cortoplacista, suelen limitar nuestra vida y encerrarnos en distintos tipos de prisiones: por miedo intento no quedarme solo, no salgo a la calle o no conduzco, no me abro a relaciones, no pongo límites a esta persona… Y frente a ello, la mayor fuerza motivacional consiste en desarrollar un miedo racional más grande, el miedo al creciente y profundo perjuicio y deterioro que, indudablemente, todas esas evitaciones van a ir produciendo en mi vida. En el complejo mundo que hemos fabricado, necesitamos imperiosamente educar en una mirada más largoplacista, más sistémica y global, donde lo que me conviene haga un zoom de ampliación en nuestra mirada y se ponga por delante de lo que me apetece.

Lo cierto es que no existe una manera verdaderamente sabia de canalizar la rabia, pero el miedo bien dirigido, en una mente que ha madurado hacia determinadas habilidades, puede ser el mayor aliado motivacional para cuidar de nosotros.

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