Los padres que ya tienen cierta edad suelen esforzarse mucho en que sus hijos tengan aquello que ellos no tuvieron: juguetes y tecnología de todo tipo y última moda, amplia diversidad de opciones alimenticias, facilidades para estudiar lo que deseen, espacios domésticos para su privacidad, posibilidad de viajar…

Desgraciadamente, observo que suele faltarles la conciencia de cuán importante es también esforzarse en que sus hijos tengan aquellas cosas valiosas que probablemente ellos sí tuvieron: espacio para correr y tiempo para el juego libre, contacto cercano con la naturaleza, ocasiones de aburrimiento y de frustración para fortalecer la creatividad, la iniciativa y la paciencia, comidas compartidas a diario en familia sin distractores, estrecha cercanía con los abuelos y con el vecindario, necesidad de luchar para ganarse los “caprichos” y valoración de los mismos…

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