Puede parecer una mera y banal cuestión de palabras, pero las palabras y sus significados son importantes para la comprensión de la realidad, especialmente de las «realidades intangibles». Intuitivamente todos entendemos el simplismo y la simpleza como un defecto o un sesgo acerca de la realidad o la experiencia descrita, mientras que intuimos la sencillez como una virtud vinculada a la claridad y la elegancia en la explicación no sesgada de los hechos. Por ello en mi libro Adicción al Pensamiento aludo a que, cuando miramos con superficialidad, las cosas parecen simples, mientras que cuando miramos con profundidad (de manera más completa y con conciencia sistémica) las cosas se revelan sencillas. La diferencia entre lo simple y lo sencillo es por tanto abismal, y para captar la sencillez es precisa una percepción muy profunda, matizada e interactiva de las cosas. Así que la sencillez está vinculada a la sabiduría, mientras que el simplismo está vinculado a la ignorancia (la ignorancia que cree saber).

Es por lo anterior que personalmente soy poco dado a los grandes lemas y frases hechas que tanto circulan precisamente en redes sociales, porque usualmente resultan simplistas y, en su alusión a medias verdades, puede anidar un riesgo o un peligro no perceptible para la mayoría de la gente. Ello mismo ocurre con una gran mayoría de vídeos y libros de autoayuda que atraen y encandilan con su carisma o con su simpleza captable para la mayoría de las personas y que, de ese modo, las perpetúan e incluso refuerzan en su ignorancia.