En el campo del llamado crecimiento personal hay muchas personas que leen decenas de libros de supuesta autoayuda, escuchan frecuentemente podcast de diversos autores, asisten a diversos tipos de terapias, talleres y formaciones de manera continuada y, en definitiva, ocupan buena parte de su tiempo -y su dinero- en estos menesteres. Todo esto bajo el pretexto de que nunca hay que dejar de trabajarse. Pero lo cierto es que tal actitud no solo no conduce a una verdadera mejora y crecimiento personal, sino que, bien al contrario, de hecho suele ser un síntoma de que se trata de personas bastante perdidas y desorientadas, que de este modo solo aumentan el batiburrillo de su mente y alimentan el bucle de su desnortamiento.
Mucho más productivo es elegir bien unos pocos textos, sesiones y formaciones refrendadas por el conocimiento más riguroso posible, y emplearse en ejercitar de manera consistente ciertas prácticas que permitan integrar la transformación. Siguiendo un paralelismo con la salud y el equilibrio corporal, mi sugerencia es que cuando se encuentre básicamente sano ya no siga medicándose, y simplemente cuide el estilo de vida que posibilita de manera coherente esa salud.
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